Hace 50 años, en muchos países de América Latina, las mujeres apenas comenzaban a abrirse paso en el mundo laboral. El camino recorrido ha sido importante: hoy existen marcos legales que respaldan sus derechos, como la norma de lactancia vigente en México o la normativa del Ministerio de Salud Pública de Ecuador que exige la implementación de salas de apoyo a la lactancia materna. Estos avances nos acercan a la equidad, pero aún estamos lejos de alcanzar una inclusión real y efectiva.
Porque, más allá de lo legal, siguen existiendo temas silenciados que incomodan o se ocultan dentro del ambiente laboral. Nos referimos a los tabúes del trabajo femenino: aspectos naturales del cuerpo y la vida de las mujeres que aún se viven con vergüenza, juicio o indiferencia.
𝗟𝗮 𝗺𝗲𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻: 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗻𝗼𝗺𝗯𝗿𝗮, 𝘀𝗲 𝗲𝘀𝗰𝗼𝗻𝗱𝗲
Aunque es una función biológica completamente natural, la menstruación sigue siendo uno de los silencios más largos en las oficinas. Desde esconder una toalla sanitaria hasta temer una mancha en la ropa, muchas mujeres se sienten avergonzadas por algo que debería ser tratado con naturalidad. Una mancha de sangre por una herida en el deporte se ve como un símbolo de entrega, pero una mancha menstrual aún genera incomodidad. ¿Por qué?
El silencio también se traduce en falta de infraestructura: pocas empresas están diseñadas con baños adecuados o insumos de higiene menstrual. Un tema tan cotidiano no debería vivirse con ansiedad ni ocultamiento.
𝗟𝗮 𝗺𝗲𝗻𝗼𝗽𝗮𝘂𝘀𝗶𝗮: 𝗹𝗮 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗶𝗻𝘃𝗶𝘀𝗶𝗯𝗶𝗹𝗶𝘇𝗮
Alrededor de los 45 años, muchas mujeres comienzan a transitar la menopausia. Esta etapa puede traer síntomas como insomnio, bochornos, ansiedad o fatiga, que impactan en su desempeño. Son mujeres que, en muchos casos, llevan años trabajando en la empresa, tienen una trayectoria valiosa y muchísima experiencia. Aun así, sus necesidades pasan desapercibidas. ¿Cómo puede una organización hablar de inclusión si no acompaña esta etapa vital?
𝗘𝗻𝗳𝗲𝗿𝗺𝗲𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗳𝗲𝗺𝗲𝗻𝗶𝗻𝗮𝘀: 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝘃𝗲
La endometriosis afecta a millones de mujeres, generando dolor intenso, ausencias laborales y una carga emocional significativa. Pero sigue siendo una condición poco comprendida y muy poco hablada. Lo mismo sucede con otras condiciones ginecológicas que se desestiman por falta de información. El mensaje que reciben muchas mujeres es claro: su cuerpo es un problema.
𝗠𝗮𝘁𝗲𝗿𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘆 𝗹𝗮𝗰𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮: 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗽𝗿𝗲𝗷𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼𝘀 𝘆 𝗼𝗯𝘀𝘁𝗮́𝗰𝘂𝗹𝗼𝘀
Aunque legalmente la maternidad está protegida, culturalmente muchas veces se penaliza. Madres que vuelven de licencia con temor a ser vistas como “menos comprometidas”, salas de lactancia inexistentes o improvisadas en bodegas, prejuicios frente a una mancha de leche en la blusa.
En Lactarum, lo hemos visto de cerca: cuando las madres no cuentan con condiciones adecuadas para amamantar, aumenta su nivel de estrés, disminuye su concentración y muchas veces deben elegir entre seguir lactando o continuar con su empleo.
La falta de apoyo no solo perjudica a las madres, sino también a las empresas, que pierden talento, compromiso y productividad.
𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝘃𝗲, 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗮𝗽𝗼𝘆𝗮
La inclusión real no es solo cumplir la norma. Es entender que las necesidades femeninas existen y merecen espacios dignos. Es reconocer que el bienestar individual impacta en lo colectivo y que las culturas organizacionales se construyen desde el respeto y la empatía.
𝗠𝘂𝗰𝗵𝗮𝘀 𝘃𝗲𝗰𝗲𝘀 𝗻𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮𝗻: ¿𝗲𝗻 𝗾𝘂𝗲́ 𝗽𝘂𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲𝗯𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗿 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗺𝗽𝗲𝘇𝗮𝗿 𝗮 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗮𝗿 𝗲𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗼?
𝗟𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗲𝘀 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲:
𝗡𝗼 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮 𝗲𝗻 𝗾𝘂𝗲́ 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 𝘀𝗲 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮 𝘁𝘂 𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲𝘀𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝗰𝘁𝗼 𝗮 𝗹𝗮 𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝘀𝗮𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝗰𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮. 𝗘𝘀𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗱𝗶𝘀𝗽𝗼𝗻𝗶𝗯𝗹𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗮𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮ñ𝗮𝗿𝘁𝗲: 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗮𝘀𝗲𝘀𝗼𝗿í𝗮𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗮𝗹𝗮𝗿 𝘁𝘂 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗮 𝗰𝗮𝗯𝗶𝗻𝗮 𝗵𝗮𝘀𝘁𝗮 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗼𝗽𝘁𝗶𝗺𝗶𝗰𝗲𝗻 𝘀𝘂 𝘂𝘀𝗼 𝘆 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝘇𝗰𝗮𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝘂𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼 𝗺𝗮́𝘀 𝗶𝗻𝗰𝗹𝘂𝘀𝗶𝘃𝗮 𝘆 𝗵𝘂𝗺𝗮𝗻𝗮.